Breve historia del origen del Aloe Vera

Los beneficios y propiedades del Aloe Vera se conocen desde la antigüedad. En este artículo hacemos un pequeño repaso de su historia.

Ya en Egipto aparecen esculpidas plantas de aloe vera en diferentes templos y en el famoso Papiro de Ebers, uno de los más antiguos tratados médicos conocidos. Fue redactado en el antiguo Egipto, cerca del año 1.500 antes de nuestra era y contiene más de 700 fórmulas magistrales y remedios. La farmacopea egipcia de la época recurría a sustancias extraídas en su mayor parte del reino vegetal: azafrán, mirra, aloes, hojas de ricino, loto azul, extracto de lirio, jugo de amapola, resina, incienso, cáñamo, etc.

Posteriormente, sabemos que cuando Alejandro Magno conquista Egipto, recomendado por Aristóteles conquista la isla de Socotora o Socotra porque en ella había gran cantidad de aloes, «aloe socotrino» que servirían para la curación de heridas y enfermedades de sus soldados durante las campañas. Hipócrates ya decía entonces: Que tu alimento te sirva de medicina y que tu medicina sea tu alimento.

Durante el éxodo israelita se instauró la costumbre de embalsamar a los muertos con aloe porque evitaba la putrefacción de los mismos. De hecho, en el Evangelio de San Juan, se describe el embalsamiento de Jesucristo con 100 libras de aloe y mirra.

Marco Polo trajo aloes de Asia, de China en sus viajes pero en la zona del Véneto por razones climáticas, no terminó de cuajar y en Europa por tanto no se conoció hasta que los árabes lo traen a España desde el sur. El historiador Palacios describe los alrededores de la Iglesia de la Victoria donde se encontraban los Reyes Católicos para vigilar la alcazaba como un lugar sembrado de sávila, aloe, que en esta época llegó a ser hasta moneda de cambio por su importancia e impacto para la salud.

Los españoles llevaron el aloe vera a América. Cristóbal Colón lo define como «el médico en la maceta» Podemos leerlo en los textos guardados en el Museo Naval de San Fernando, Colón cita como fundamentales al trigo como alimento, la uva para la alegría, el aceite de oliva virgen para abrillantar y embellecer y a la sávila, al aloe, porque es el médico en la maceta. Fueron los franciscanos animados por Fray Cunípero Serra los que lo extendieron por México y el este de América plantándolo en torno a los asentamientos de las misiones para curar el cuerpo y el alma.

No fue hasta el s.XVIII cuando fue clasificado por el botánico Dr. Miller en Barbados al estudiar las liliáceas. Le llamo:
– Aloe, palabra hebrea que significa brillante y amargo.
– Vera, verdadero, porque aunque hay más de 300 tipos de aloe, éste es el único con aplicación terapeútica para el ser humano.
– Barbadensis, porque equivocado pensaba que su origen eran las Islas Barbados
– Miller, pues es tradición el uso del apellido del que da nombre científico a una planta o animal y se la dio al más importante que clasificó.

Pero cuando el aloe vera empezó a tener máxima relevancia fue tras la Segunda Guerra Mundial, los americanos se dieron cuenta que los japoneses que se trataban tras la radiaciones sufridas tras Hiroshima con aloe vera se curaban mucho mejor que los enfermos que trataban en los hospitales americanos con otros métodos. A partir de aquí se empezó a investigar y a investigar hasta conocer todas las propiedades que conocemos hoy y que siguen apareciendo.

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